Iñaki Urdangarín es carne de titular desde que llegara a la cárcel de Brieva hace poco más de una semana.
Allí permanecerá durante cinco años y diez meses, que es la condena que le han impuesto por el Caso Nóos.
Los familiares de Iñaki consideran que no es culpable y ya han manifestado que no se van a quedar callados.
Doña Letizia está muy preocupada y temerosa de lo que pueda pasar. Apuntan directamente a Casa Real.
La preocupación de la consorte por las palabras de la hermana de Urdangarín.
Doña Letizia está preocupada por las palabras de Ana Urdangarín y temerosa de que pueda realizar alguna acción que perjudique a la Corona.
Sabe que es muy fácil filtrar información y documentos a los medios de forma anónima o vía persona interpuesta. Esto es lo último que desea la Reina.
Otro escándalo haría tambalear la monarquía, seriamente tocada por el proceder de sus titulares,
y en el caso de Ana Urdangarín, llegaba a revelar que si su padre viviera, quemaría la Zarzuela.
Los malos gestos de la reina Letizia, motivo de disgusto.
Pasan los meses y todavía colea el gesto despreciativo de doña Letizia a su suegra.
Algo ocurre con la Reina que no consigue empatizar con una buena parte de la sociedad española.
Se la percibe soberbia y malcarada.
Le han aconsejado que cambie un poco su manera de producirse en público pero no está dispuesta.
Apuntan directamente a Casa Real. La Reina Letizia no gana para disgustos.
Los apoyos que está recibiendo Iñaki Urdangarín por parte de algunos miembros de la Familia Real han puesto a la soberana al borde del colapso.
No se explica el por qué no siguen las indicaciones que en su día marcó don Felipe.
Doña Letizia está convencida de que se han propuesto arruinar su reinado y el de su marido. Otra cosa no se lo explica.
La última noche en libertad del marido de la infanta Cristina ha traído problemas entre Doña Letizia y su suegra.
La soberana montó en cólera al conocer que doña Sofía organizó el operativo para que su yerno pudiera pasar sus últimas horas antes de entrar en prisión en un lugar tranquilo y sin la incómoda presencia de los paparazzi.
La familia Urdangarín ha hecho piña alrededor de Iñaki.
Desde el primer momento en que se habló del Caso Noos, se posicionaron a su lado.
Hoy, como ayer, siguen creyendo en su inocencia.
Su argumento, que ha sido sacrificado para limpiar la imagen de la Casa Real.
Insisten en que en Zarzuela conocían y bendecían sus negocios y que jamás ocultó nada a quien debía informar.
A nadie se le escapa que los Urdangarín señalan directamente a don Juan Carlos. Están muy enfadados.
Tanto que la hermana de Iñaki, Ana Urdangarín, expresó recientemente: "Si mi padre viviera,
quemaría la Zarzuela", reveló hace poco la periodista Pilar Eyre.
Sin duda, la frase es un aviso a navegantes. Si hace falta, tirarán de la manta. Caiga quien caiga. Les da igual.
Doña Letizia está preocupada por las palabras de Ana Urdangarín y temerosa de que pueda realizar alguna acción que perjudique a la Corona.
Sabe que es muy fácil filtrar información y documentos a los medios de forma anónima o vía persona interpuesta.
Otro escándalo haría tambalear la monarquía, seriamente tocada por el proceder de sus titulares.
Pasan los meses y todavía colea el gesto despreciativo de doña Letizia a su suegra. Esto es lo último que desea la Reina.
Algo ocurre con la Reina que no consigue empatizar con una buena parte de la sociedad española.
Se la percibe soberbia y malcarada.
Le han aconsejado que cambie un poco su manera de producirse en público pero no está dispuesta.
Es lo malo de tener tanta seguridad en uno mismo, que no se atiende a razones.
Los familiares de los Reyes Eméritos lo tienen claro.
Ahora, más que nunca, van a apoyar a la infanta Cristina.
Saben que lo está pasando muy mal y que su estado de ánimo es delicado.
El fin de semana pasado, doña Elena viajó a Ginebra para estar junto a su hermana y sus sobrinos.
También se dejó caer por la ciudad suiza Claire Liebert, madre de Iñaki Urdangarín.
La intención no era otra que demostrarle a Cristina su lealtad.
Transmitirle el mensaje de que puede contar con ellas en esta época tan complicada de su vida.
Todos juntos acudieron a celebrar la graduación de Pablo Nicolás a un hotel con gran solera.
Cristina de Borbón quiere que sus hijos continúen con su vida de forma normal.
Aunque están muy afectados por la entrada en prisión de su padre, ella tira del carro para que todo continúe como cuando estaban juntos.
De hecho, cuando sabe que tiene que coincidir con ella en un acto, pide que la desconvoquen.
Así las cosas, solo le queda ignorarla, algo en lo que pone gran empeño. Doña Letizia no traga a la infanta Elena.
Para colmo de males, la hija mayor de los Reyes Eméritos ha sido restituida en sus funciones institucionales. Sin embargo,
Eso de que vuelva a tener presencia es algo que molesta y mucho a la Reina. le responden que no es posible.
Doña Letizia sabía que su cuñada no iba a dejar sola a Cristina en este complicado momento.
Sin embargo, esperaba que se dejara ver junto a ella un poco más tarde.
Creía que esperaría un tiempo prudencial, al menos hasta que se hubieran apagado los ecos de la entrada en prisión de Urdangarín.
Sin embargo, Elena ha vuelto a demostrar que es el verso suelto de la familia.
La opinión de su cuñada le trae sin cuidado. Para ella no cuenta.
La esposa de don Felipe piensa que todos se han confabulado en su contra y de ahí el gran apoyo que está recibiendo Cristina de Borbón.
En nada, se espera que Alexía de Grecia se deje caer por Ginebra para estar junto a su querida prima.
En este punto hay que señalar que el hermano de doña Sofía y sus hijos no soportan a la Reina. Siempre han sido uña y carrne.
Antes de doña Letizia, los hijos de Constantino y Ana María de Grecia tenían una excelente entente con don Felipe.
El Rey y su primo Pablo compartieron mucho en sus días de soltero.
Sin embargo, cuando la periodista arribó a Zarzuela, empezaron los cambios.
Son varias las invitaciones que Pablo y Marie Chantal Miller han hecho llegar a los Reyes y que doña Letizia ha declinado.
La última, el cincuenta cumpleaños de Pablo celebrado en Londres.
Don Felipe acudió solo porque su mujer se negó a asistir alegando que los invitados eran unos pijos insoportables.
Quien también ha aprovechado la cuestión de la entrada en prisión de Iñaki Urdangarín para devolvérsela a doña Letizia ha sido la infanta Pilar.
Y es que la dama está harta de los feos que le ha hecho la Reina.
En este caso, la relación de don Felipe con los primos Gómez-Acebo era estupenda.
Sin embargo, la periodista tomó distancia cuando supo que Laura Ponte,
entonces nuera de doña Pilar, contestaba a algunas preguntas de la prensa sobre ella.
Nada reseñable. Es más, la ponía por las nubes.
A partir de ese momento, doña Letizia condenó al ostracismo a doña Pilar de Borbón y su prole.
De hecho, han sido varias las celebraciones familiares a las que no ha acudido. Sin duda, gestos muy feos.
De ahí que alguien muy cercano a la infanta Pilar, al ser preguntado sobre si Iñaki había pasado su última noche en libertad en su casa,
respondiera que no, pero que de haberse dado el caso, la hermana de don Juan Carlos,
"Le habría acogido encantada", cuenta en Informalia.
En el verano de 2013, los Reyes atravesaban una crisis matrimonial importante.
La pareja viajó a Mallorca cada uno por su lado.
Se juntaron en Marivent pero doña Letizia apenas se dejó ver.
Mantuvieron una fuerte discusión y ella dio la espantá dejando a don Felipe y las infantas Leonor y Sofía en la isla.
El asunto no pasó desapercibido y ocupó grandes titulares en la prensa.
Doña Letizia sabía que los medios recogerían ampliamente su huida pero le dio igual.
Todo indica que le echó un pulso a don Felipe.
¿Y qué mejor manera de hacerlo que dejándolo solo en pleno veraneo real? El Rey buscó apoyo en sus padres.
Estaba desesperado y no sabía cómo lidiar con el problema conyugal.
Doña Letizia no se lo estaba poniendo nada fácil para recomponer la situación.
Fue entonces cuando don Juan Carlos, cansado ya de las formas de su nuera, recomendó a su hijo que se separara.
Durante la celebración del día de la Pascua Militar del año pasado, doña Letizia se sentía incómoda con los miembros del Gobierno y decidió mostrar su malestar con un gesto que no pasó desapercibido.
Para no hablar con los altos cargos del PP que allí se encontraban, sacó un espejito del bolso y se dispuso a retocar su maquillaje.
Sin duda, un gesto que conlleva una gran carga de frivolidad así como de mala educación.
Que se sepa, doña Letizia no se disculpó con ninguno de los allí presentes. Lo suyo con el PP es irreconciliable.
De hecho, algunos miembros del partido político han llegado a elevar sus quejas a Casa Real por sentirse francamente menospreciados cuando han coincidido con la soberana.
Estas personas afirman que sienten que ella les escruta con una mirada que hiela y que les señala como culpables de corrupción.
Ya son varias las voces que se han alzado contra doña Letizia por la forma en que trata en público a su marido.
En alguna que otra ocasión se ha dado la circunstancia de que don Felipe estaba pronunciando un discurso y su esposa manifestaba su malestar mediante toses y ruiditos.
La soberana tampoco duda en interrumpir de forma brusca las conversaciones que su esposo mantiene con amigos al grito de: "¡Ya estáis con vuestras pijadas de siempre!".
Visto lo visto, no es extraño que el círculo fraternal del Rey se haya visto reducido desde que la periodista apareciera en su vida.
Aunque siempre se ha transmitido la idea de que doña Letizia se había preparado a conciencia para el cargo,
su comportamiento, a veces, hace que se ponga en duda esta afirmación.
Sobre todo si tenemos en cuenta que en ciertas cenas o comidas institucionales con altos mandatarios,
la soberana no ha dudado en obviar a sus interlocutores para concentrarse en su teléfono móvil.
Sin duda, la Reina tiene un carácter muy complicado.
El problema es que el mismo ha trascendido allende de nuestras fronteras y algunos la evitan siempre que pueden.
Aunque los actos en que participan los Reyes tienen inicio y final marcado,
doña Letizia no duda en cambiar la hora del adiós según le convenga.
Ya ha ocurrido más de una vez, y de dos, que don Felipe, al despedirse,
ha buscado a su esposa y se ha encontrado con la sorpresa de que había decidido marcharse por su cuenta.
Ante esto, el Rey esboza un gesto de resignación.
En 2013, doña Letizia fue la protagonista de una circunstancia propiciada por ella.
La pareja se encontraba en la embajada que España tiene en la Santa Sede con otras autoridades.
Todos iban a asistir a la primera misa oficiada por el papa Francisco tras ser nombrado jefe de la iglesia católica.
La entonces princesa se había retirado a una habitación para hablar por teléfono.
Mientras tanto, su marido departía con los allí congregados.
Y allá que apareció Letizia Ortiz para interrumpirle con una frase que dejó de piedra a los asistentes: "Me han comentado que esto ya se acaba,
Acto seguido, Letizia enfiló para la salida y a don Felipe no le quedó otra que seguirla. que nos echan".
Hay quien sostiene que doña Letizia ha sido muy beneficiosa para don Felipe porque le ha mostrado una cara del mundo que no conocía.
El Rey siempre estuvo muy protegido en Palacio por su madre.
No fue hasta los dieciséis años que pudo volar del nido materno por una cuestión de estudios.
Se instaló en Canadá pero no solo, le acompañaba José Antonio Alcina, que ejercía de cuidador.
Años más tarde, Alcina escribió un libro donde hablaba de su relación con don Felipe.
Como cualquiera puede imaginarse, la iniciativa tuvo mala acogida en Zarzuela.
Que se sepa, el Rey ha ido perdiendo amigos desde que la periodista llegó a su vida.
También su entente cordial con algunos de los hijos de doña Pilar de Borbón se ha visto reducida.
Todo esto ha hecho que algunos hablen de que doña Letizia ha conseguido aislar a su marido.
¿Hasta qué punto? Difícil saberlo porque no hay constancia de las salidas privadas del soberano.
Lo que sí está claro es que los colegas de antaño han sido borrados de la foto.
La separación de Paloma Rocasolano y Jesús Ortiz no se produjo en buenos términos.
El padre de la Reina abandonó a su mujer porque se había enamorado de Ana Togores.
Esto hizo mella en sus hijas, que se posicionaron al lado de su madre.
Aunque se le han adjudicado algunas historias sentimentales, quienes conocen a Paloma aseguran que no ha vuelto a encontrar el amor tras el divorcio.
Quien bien conoce el paño asegura que para doña Letizia, el divorcio de sus padres fue un trauma.
Tanto que su primo, David Rocasolano, llegó a afirmar que cuando eso ocurrió, la entonces periodista lo puso en su lista negra.
Jesús y Ana vivieron juntos hasta que se supo del noviazgo de la periodista con el príncipe.
Entonces, se casaron en una ceremonia organizada apresuradamente.
A pesar de todo, Ana Togores no estuvo en la boda real. En un principio se dijo que sí.
Sin embargo, doña Letizia, siempre según su primo, le comentó que no era adecuado.
Alegó que menudo papelón se les venía encima y que a ver cómo sentaban a sus padres estando su madrastra por el medio.
Así como Paloma Rocasolano tiene gran importancia en la vida de la Reina, no ocurre lo mismo con su progenitor.
De hecho, todo indica que se ven una vez al año.
El día de Reyes, cuando acuden por la tarde a comer el roscón a casa de Jesús Ortiz y Ana Togores.
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